domingo, 13 de mayo de 2012

Antaño en Mendoza: "Calabazas y Rayuelas"



Hubo una vez y durante muchos años, en pleno microcentro mendocino y sobre la calle San Martín, una ferretería muy grande, estilo antiguo, de techos muy altos del que pendían todo tipo de herramientas, con sus paredes abigarradas de estanterías y mostradores largos, tipo vitrinas, donde los cajones permitían admirar los tornillos, los destornilladores y toda herramienta que no excediera los treinta centímetros, colocados con la pulcritud y el recelo de una joyería.

domingo, 16 de enero de 2011

"Oíd Mortales", el comic

En setiembre de 2009, mientras trabajaba en la oficina de Prensa de la Dirección General de Escuelas de Mendoza, me ofrecieron la última página de una revista que estaba por editarse: "Presente", una publicación especialmente dirigida a los docentes de la provincia. Acepté gustoso: era mi oportunidad para hacer un cómic para adultos, una deuda pendiente en mi vida.

martes, 1 de diciembre de 2009

He visto "Lenny" (Oda al cine, al stand-up... y a Internet)

He visto mucho cine en mi vida. Recuerdo haber visto a los ocho años “La guerra de las galaxias”, y jamás olvidaré lo que fue ver por primera vez a Darth Vader en pantalla, en ese pasillo, viniéndose a cámara rodeado de aquellos guardias blancos; jamás olvidaré la primera vez que oí su respiración. Ni la imagen de su puño cerrándose sobre la nada, ni a su súbdito, a dos metros de distancia de él, llevándose las manos al cuello y quedándose sin aire. Jamás olvidaré el primer vuelo del Halcón Milenario.

viernes, 23 de octubre de 2009

Las vueltas de la vida


El primer recuerdo que tengo de haber visto teatro en mi vida, se remonta a la década del setenta, fines de ella; yo no tenía diez años aún. La obra se llamaba “Maratón”, y mis padres nos llevaron a todos sus hijos a verla después de haberla visto ellos algunos días antes, y habiendo flasheado como pocas veces les había pasado. En la obra, de importante tono existencialista, tres tipos miembros de un contingente de maratonistas, corrían de manera constante en el mismo lugar. Y hacia el final de la obra, el escenario se llenaba de barro y los tipos terminaban embarrados de pies a cabeza. Ese detalle había impactado en mis viejos (detalle que habían comentado en un almuerzo por lo que representara en el contexto dramático de la obra y que cautivara nuestros infantiles oídos por sus sucias características), y sus hijos fuimos por primera vez al teatro a ver una obra de adultos, pero para presenciar precisamente ese momento: cuando el escenario se convertía en una suerte de chiquero.

domingo, 20 de septiembre de 2009

He tenido mucho tiempo

He tenido mucho tiempo como para hacerme el loco,
he cambiado muchas veces mi principio y mi fin;
he sangrado por la herida que me hice en la otra vida,
he ganado la experiencia que más de una vez perdí.

He tenido mucho tiempo y lo he perdido a mi modo,
siempre con el mismo anhelo de volverlo a encontrar
retozando en tu almohada, a la orilla de tu cama,
o en relojes con agujas que van sólo para atrás.

He tenido mucho tiempo como para enamorarte
y he perdido cuánta chance se me pudo presentar.
He dejado el pasado en la esquina de tus labios,
he ganado el futuro en la idea ideal.

He tenido mucho tiempo como para hacerme el loco,
y no es que me ponga viejo, ni que hable por hablar,
pero, en serio: es muy cierto cuando digo que te quiero,
lo he tenido mucho tiempo, no lo puedo guardar más.

domingo, 23 de agosto de 2009

Volar por el aire

Mi madre abrió la puerta de calle y el sol invadió la cocina. Era la una y veinte de un día de primavera de hace unos años atrás; yo preparaba unos fideos para el almuerzo. Ella cerró la puerta a sus espaldas, la cocina regresó a su luz habitual y mi madre emitió un agradecido “Hmm…”, con la trompa fruncida y las fosas nasales bien abiertas, aspirándose todo el aroma de la salsa que despedía la sartén. Siempre le han gustado mis salsas.
En la cocina, el Noticiero Nueve estaba un poco fuerte, lo necesario como para neutralizar el ruido de la comida al fuego.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Foul en ataque


Mi viejo me miró y me dijo:
- Vos esperalo.
- Pero, papi...
- No te le cagués. Esperalo, dejalo que se venga. Él te va a llevar por delante. Vos quedate quieto en el lugar. No te movás de tu lugar.
- Pero, papi…
- No te le cagués. Te va a hacer foul en ataque. Tirás dos tiros libres y, encima, la pelota queda en nuestra posesión.
- Pero… Papi… Es muy grandote.
Mi viejo me clavó la mirada.
- Es la única manera de pararlo –afirmó. Entonces se agachó un poco, apoyó las dos manos en mis hombros, y volvió a repetir– Esperalo. No te le cagués.
El árbitro dio el pitazo y volví a la cancha. Esto pasó un domingo de 1981, a media mañana, en el club Independiente Rivadavia, la Lepra, ahí en el Parque. En la cancha de basquet que supo estar detrás de la popular visitante, la popular norte. Ahí, en esa cancha ya desaparecida, en un partido de la categoría minibásquet entre los clubes Independiente Rivadavia y el (también desaparecido) Club Villa Hipódromo de Godoy Cruz. Yo jugaba para la Lepra. Tenía 11 años. Era base.